Mientras que todo el mundo sabe, algunas veces más, otras menos, dependientemente de sus urgencias, qué hacen y hacia qué se dirigen la arquitectura, la medicina, la docencia, la ingeniería, etc., sobre el diseño gráfico no hay un conocimiento generalizado y menos que menos una conciencia social. ¿Para qué sirve el diseño gráfico? Propuse imaginar un mundo que carece de sus productos: mercadería empaquetada en bolsas de papel madera o en simples latas, botellas, cajas con letras que comunican lo contenido y nada más; libros donde la sucesión de cualquier tipo de letras y páginas nos cuentan una historia, pero sin tener en cuenta de qué se trata y a quién se dirige; espacios públicos sin ninguna publicidad; sobres de disco sellados sólo con el título, compositor y los ejecutores; diarios con la jungla de palabras sin diagramación adecuada o productos sin marca suficientemente identificable.
Yo no soy diseñadora, soy usuaria agradecida. Por su utilidad indiscutible, pero igualmente por el placer que me causa la brevísima dinámica de una marca, lo gozoso de un envoltorio, la misteriosa belleza de un libro cerrado y la responsable lucidez cuando está abierto, la solidaria claridad de una señalización, la pautada sensualidad de una tipografía. Vivo entre todos estos fenómenos, los necesito y permanentemente descubro también, mediante su presencia, la creatividad del hombre.
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