
"Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente."
Julio Cortázar
Y ya subiendo nos damos cuenta que no subimos solos, sino que hay personas muy parecidas y también muy distintas a nosotros que se esfuerzan por llegar a lo más alto, y entonces se nos va haciendo más fácil, sumado a nuestro crecimiento y madurez, y sumado a los descansos que las escaleras nos proporcionan algunas veces.
El paso por el colegio de un alumno tiene descansos, elementos horizontales en que termina cada tramo: el previo al comienzo de la primaria, y aquel que antecede a la secundaria. Nos dejan descansar, nos dejan prepararnos para el trayecto de escalera que está por venir.
Resulta que subir la gran escalera del colegio nos lleva unos catorce años aproximadamente, en los que, siguiendo con la comparación y basándonos en ella continuamente, llegamos hasta a adorar el mármol de los escalones y los acompañantes que suben adelante, al lado y atrás nuestro.
Resulta que aquel espacio que nos daba dolor de estómago de los nervios se nos presenta ahora tan familiar como la propia casa que a los cuatro años no queríamos abandonar.
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