Y uno llega a justificaciones espantosas como "asi es la vida", "era el destino", "es lo que hay" y demás lugares comunes.
Nadie está preparado para nada, todo es sorpresivo, caprichoso e insólito. Todo está en órden y sereno, y de pronto, a la vuelta de la esquina está el punto de infección, el accidente, el cambio, la curva peligrosa y nuestro mundo se derrumba y uno tiene que seguir. Debe ser por eso que los verdaderamente sabios disfrutan de lo poco o mucho que tienen, valoran sus afectos, se abrazan a sus ideales de vida, expresan su amor y gozan de un atardecer.
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